El traslado de varios bufetes de Torre Espacio y Torre de Cristal al Barrio de Salamanca ha vuelto a poner sobre la mesa un movimiento de fondo en la abogacía madrileña: firmas que buscan discreción, cercanía a los tribunales y una identidad propia dejan los rascacielos del norte y regresan al corazón de la ciudad.
En octubre de 2025, Vozpópuli Legal adelantó que Bufete Choclán, la firma penalista dirigida por el exmagistrado de la Audiencia Nacional José Antonio Choclán, había dejado sus oficinas de Torre Espacio para instalarse en la calle Lagasca, en pleno barrio de Salamanca. El despacho —que ha asesorado a figuras como Cristiano Ronaldo, Luka Modric, Falcao o Jorge Mendes, y más recientemente a Víctor de Aldama— explicó el traslado por la intimidad que reclaman sus clientes: las torres, que albergan numerosas empresas, registran entradas y salidas a la vista de mucha gente en los controles de la planta baja, un entorno poco adecuado para una firma especializada en Derecho penal económico y compliance.
El movimiento de Choclán no es un caso aislado, sino el episodio más visible de una tendencia que se venía dibujando desde hace años.
De la Ciudad Deportiva a los rascacielos… y vuelta
El complejo Cuatro Torres Business Area (CTBA) se levantó sobre los terrenos de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid. La crisis financiera irrumpió justo cuando los edificios se terminaban y frenó algunas mudanzas. Los primeros grandes desembarcos fueron los de las auditoras: PwC llegó en 2011 y KPMG en 2016, arrastrando consigo a sus equipos jurídicos. Entre los despachos, Ecija inauguró su sede en la Torre de Cristal en 2013.
Fue precisamente Ecija uno de los primeros en desandar el camino. En 2022, la firma anunció el traslado de su sede corporativa a un edificio único en la calle Serrano 69 —el inmueble diseñado por Fernando Higueras, de más de 5.000 metros cuadrados—, que ocuparía por completo para alojar a sus cerca de 250 profesionales en Madrid. La nueva sede, operativa desde comienzos de 2023, se sitúa en el eje Castellana-Serrano, junto al Registro Mercantil y a firmas como Allen & Overy, Hogan Lovells o Pérez-Llorca. El despacho justificó la decisión por su crecimiento y por la necesidad de una sede singular en el corazón de la milla de oro.
El imán del eje central
La gravitación hacia la Castellana y el barrio de Salamanca se ha intensificado en 2026. Argali Abogados cerró su traslado al Paseo de la Castellana 30 y Latham & Watkins anunció su mudanza a un edificio de Castellana 10, junto a la plaza de Colón, consolidando el entorno como zona de referencia para los despachos de élite. La lógica que comparten estas operaciones es la del prestigio y la centralidad: dirección reconocible, cercanía a clientes e instituciones y proximidad a los grandes órganos judiciales.
En ese mismo tránsito de la torre al centro se inscribe, ya en 2026, el traslado de Soriano i Piqueras Abogados, despacho especializado en la intersección del Derecho penal con el Derecho administrativo y urbanístico. La firma ocupaba hasta este año la Torre de Cristal, en el número 259C de la Castellana —el mismo rascacielos que Ecija había abandonado tiempo atrás—, y ha trasladado su sede madrileña al Paseo de la Castellana 40, en el tramo central de la arteria, sin renunciar a su despacho de València, en la Gran Vía Marqués del Turia. Para un despacho que litiga de forma habitual ante el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional y el Tribunal Constitucional, la proximidad a esos tribunales y la discreción del eje central pesan más que la altura o la superficie de una torre.
Por qué vuelven
¿Qué explica el retorno? En primer lugar, la discreción. Los clientes de perfil sensible —penal económico, grandes patrimonios, asuntos reputacionales— no quieren ser vistos cruzando los tornos de un vestíbulo compartido con decenas de empresas. En segundo lugar, la cercanía a los tribunales y a los centros de decisión, concentrados en el centro y no en el extremo norte de la Castellana. En tercer lugar, la identidad: un edificio propio o una dirección en Salamanca proyecta una imagen distinta de la de una planta en una torre corporativa, y en la abogacía la percepción del cliente se juega, como recuerdan los especialistas inmobiliarios, en los primeros segundos. A ello se suman la reconfiguración de los espacios de trabajo tras la pandemia y el auge del modelo boutique, más humano y reservado que las grandes plataformas para las que se concibieron las torres.
No es un éxodo
Conviene, en todo caso, matizar el relato: no se trata de un abandono en masa. Elzaburu, firma con 160 años de historia especializada en propiedad intelectual e industrial, se instaló en las torres en 2021 y llegó a habilitar allí un museo. Pérez-Llorca mantiene su sede en la Castellana, pero trasladó en 2018 parte de sus equipos de corporate a la Torre Foster, conservando en el eje central su departamento de penal económico. Las torres siguen captando demanda: en el conjunto de 2025, la zona que las engloba mantuvo una cuota relevante de la contratación de oficinas de la capital.
El telón de fondo es un mercado de oficinas prime tensionado. La escasa disponibilidad de espacio de calidad dentro de la M-30 ha elevado las rentas prime del distrito de negocios hasta cifras récord —en torno a 43,5 euros por metro cuadrado y mes, según Savills, con tendencia al alza—, mientras las rentas fuera de la M-30 permanecen estables. Madrid cerró 2025 con cerca de 1.350 millones de euros destinados a uso puro de oficinas, el doble que el año anterior, y arrancó 2026 con el mejor comienzo inversor en quince años. Que el centro sea escaso y caro es, en sí mismo, un indicador de hacia dónde se dirige la demanda.
¿Cambio de ciclo?
La pregunta de fondo es si asistimos a un cambio de ciclo o a un simple reequilibrio. Las torres se levantaron para las grandes maquinarias corporativas; el eje central responde mejor a la discreción, la proximidad institucional y la marca. Para las boutiques, sobre todo, la dirección no es solo una cuestión inmobiliaria: forma parte del mensaje. El salto de Choclán a Lagasca, como el de Ecija a Serrano, sugiere que, al menos para una parte de la abogacía, el péndulo ha vuelto a inclinarse hacia el centro.
